martes, 5 de marzo de 2019

Ciclos LGBTIQ






Ciclos LGBTIQ

Dayana Agudelo, Alejandra Urieles, Carlos Sarmiento

Nada puede ser más puro y cristalino que un bebé al nacer, sin prejuicios, sin complejos, sin ideales. Nacer libres como lo propone el ser humano en muchas de sus leyes, pero resulta irónico que incluso esa libertad sea condicionada, porque desde que naces con pene o con vagina, ya hay un destino impuesto para ti de parte de tus congéneres nombrando a Dios para justificarlo. Si eres hombre el color rosado queda vetado de tu vida, sientes que los carros son lo tuyo, que serás un prodigio en el deporte. Por otro lado si eres mujer desde temprana edad te predisponen a que tu complemento sea un hombre, que tu máximo logro es tener un hijo, dejando atrás muchas otras cualidades. Esto le puede pasar a cualquiera, me pasó a mí, les puede pasar a tus amigos, a tu familia, o quizás a ti mismo.

Eres un hombre, tu masculinidad es lo más preciado, todos piensan que eres un casanova, que las mujeres se morirían por ti, pero la verdad es que no te llaman la atención, simplemente no te gustan, no te dan placer, no te hacen feliz, no concibes tu vida al lado de ellas como pareja. Decides vivir tu vida solo, construir tu vida sin afecto, sin una compañera, te declaras desahuciado de cualquier tipo de relación con una mujer. Llega él, lo miras, te mira, lo conoces, te hace reír, te agrada y te descubres a ti mismo en él, que era todo lo que buscabas y querías sentir. Lo único que no te deja avanzar es que es un hombre, pero lo ignoras, te decides y viven, sin importar lo que digan, sin importar lo que piensen.

Ellas, en la tarde, sobre las flores, delicadas, generosas consigo mismas, se miran siempre pensando en la última vez. Disfrutan cada segundo, cada momento, cada suspiro, disfrutando cada centímetro de sus piernas envueltas en tela fina, no necesitan a la fuerza, el olor a testosterona, no necesitan de un miembro firme para sentir el placer, ellas son suficientes y así viven y así morirán.  

Creces siendo un hombre, vistiéndote de hombre, actuando como hombre, eres el varón, el orgullo de tu padre. Pero por dentro estás roto, no te conoces a ti mismo, o por lo menos no lo has intentado, te da miedo, llevas toda la vida pensando que no es lo tuyo, lloras, gritas en silencio mientras te desgarras las cuerdas vocales, mueres lentamente, todo es obscuridad, te miras en el espejo, respiras hondo, lo descubres al otro lado de los fragmentos rotos, no te sientes él, te sientes ella, disfrutas las telas de los vestidos, el rojo del labial, entre más grande el tacón, más grande tu seguridad, por fin te encuentras en la vida, hallas tu razón para no caer en penumbras y ahogarte en ellas, preferiste volar tan alto como mariposa. 

Al final todo ciclo tiene su muerte, en nuestro caso, nuestro ciclo acaba un poco antes por diferentes motivos, por causas naturales, lo natural en nosotros son las burlas, las discriminaciones, los golpes, las balas, los suicidios, el llanto, el ser blanco fácil, porque nadie nos llora, nadie nos reconoce, porque somos una aberración, porque en su cielo no tenemos cabida, porque su Dios con condena, pero a pesar de todo, tratamos de sobrevivir, de ser quienes somos en medio de música, discos, y lentejuelas, por medio de nuestro amor, siendo quien realidad somos, porque al final los gusanos no discriminan.

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