Ciclos LGBTIQ
Dayana Agudelo, Alejandra Urieles, Carlos Sarmiento
Nada puede ser más puro y cristalino que un bebé al
nacer, sin prejuicios, sin complejos, sin ideales. Nacer libres como lo propone
el ser humano en muchas de sus leyes, pero resulta irónico que incluso esa
libertad sea condicionada, porque desde que naces con pene o con vagina, ya hay
un destino impuesto para ti de parte de tus congéneres nombrando a Dios para
justificarlo. Si eres hombre el color rosado queda vetado de tu vida, sientes
que los carros son lo tuyo, que serás un prodigio en el deporte. Por otro lado
si eres mujer desde temprana edad te predisponen a que tu complemento sea un
hombre, que tu máximo logro es tener un hijo, dejando atrás muchas otras
cualidades. Esto le puede pasar a cualquiera, me pasó a mí, les puede pasar a
tus amigos, a tu familia, o quizás a ti mismo.
Eres un hombre, tu masculinidad es lo más preciado,
todos piensan que eres un casanova, que las mujeres se morirían por ti, pero la
verdad es que no te llaman la atención, simplemente no te gustan, no te dan
placer, no te hacen feliz, no concibes tu vida al lado de ellas como pareja. Decides
vivir tu vida solo, construir tu vida sin afecto, sin una compañera, te
declaras desahuciado de cualquier tipo de relación con una mujer. Llega él, lo
miras, te mira, lo conoces, te hace reír, te agrada y te descubres a ti mismo
en él, que era todo lo que buscabas y querías sentir. Lo único que no te deja
avanzar es que es un hombre, pero lo ignoras, te decides y viven, sin importar
lo que digan, sin importar lo que piensen.
Ellas, en la tarde, sobre las flores, delicadas,
generosas consigo mismas, se miran siempre pensando en la última vez. Disfrutan
cada segundo, cada momento, cada suspiro, disfrutando cada centímetro de sus
piernas envueltas en tela fina, no necesitan a la fuerza, el olor a
testosterona, no necesitan de un miembro firme para sentir el placer, ellas son
suficientes y así viven y así morirán.
Creces siendo un hombre, vistiéndote de hombre,
actuando como hombre, eres el varón, el orgullo de tu padre. Pero por dentro
estás roto, no te conoces a ti mismo, o por lo menos no lo has intentado, te da
miedo, llevas toda la vida pensando que no es lo tuyo, lloras, gritas en
silencio mientras te desgarras las cuerdas vocales, mueres lentamente, todo es
obscuridad, te miras en el espejo, respiras hondo, lo descubres al otro lado de
los fragmentos rotos, no te sientes él, te sientes ella, disfrutas las telas de
los vestidos, el rojo del labial, entre más grande el tacón, más grande tu
seguridad, por fin te encuentras en la vida, hallas tu razón para no caer en
penumbras y ahogarte en ellas, preferiste volar tan alto como mariposa.
Al final todo ciclo tiene su muerte, en nuestro caso,
nuestro ciclo acaba un poco antes por diferentes motivos, por causas naturales, lo natural en nosotros son las burlas, las discriminaciones, los
golpes, las balas, los suicidios, el llanto, el ser blanco fácil, porque nadie
nos llora, nadie nos reconoce, porque somos una aberración, porque en su cielo
no tenemos cabida, porque su Dios con condena, pero a pesar de todo, tratamos
de sobrevivir, de ser quienes somos en medio de música, discos, y lentejuelas,
por medio de nuestro amor, siendo quien realidad somos, porque al final los
gusanos no discriminan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario